Él aún no entiende porque su vida acabó de esa manera. ¿Qué derecho tenía aquella otra criatura? Los ojos de su atacante no reflejaban ni hambre ni miedo cuando clavaba aquellas armas en su carne, sólo había crueldad y aire de superioridad. Cuando él, acorralado miraba en todas direcciones sólo veía un aura roja que emanaba de los presentes que miraban y pedían sangre para satisfacer sus almas cargadas de furia. Él no comprendía porque le hacían el blanco de su ira si no había hecho nada.
Él estaba asustado ya no distinguía las cosas sólo veía el rojo de la ira y el que más resaltaba era el de su oponente e intentaba atacarle y acometerle para defenderse de él y salvar su vida pero cada intento era en vano y sentía como otra arma se hundía en su carne. Él no podía parar su miedo iba incrementando y él sólo quería vivir.
“¿Por qué una vida tiene que matar a otra vida sin razón alguna?”
Se preguntaba cuando cansado cayó en la tierra ya batida por sus pies. No podía seguir, cada movimiento le causaba un tremendo dolor en cada parte de su cuerpo, le era una tortura. Entendió que en su atacante no había ningún motivo o razón para llevarse su vida y ahora le alababan todos aquellos que sólo querían ver tendido en el suelo al jadeante animal luchando por tan sólo respirar. Pero él ya no tenía miedo a su atacante, sabía que su raza estaba maldita y que la vida les castigaría por todas aquellas brutales muertes sin razón aunque luego las quieran maquillar con el hambre pero a la vida no se le puede engañar.
Es extraño. El animal daba sus últimos respiros pero en sus ojos no se reflejaban ni miedo ni furia ni tristeza por su muerte sino lastima y compasión por aquél ser que ahora estaba maldito.
Pd: ¡Qué no os engañen con el denominado “arte taurino” sólo es una muerte espantosa a un animal que no se lo merece!
S. Manuel
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